Los niños son más vulnerables
Los bebés y los niños son especialmente vulnerables a los efectos de las armas nucleares.
Tienen más probabilidades que las personas adultas de morir por quemaduras (porque su piel es más fina y delicada), por lesiones provocadas por la onda expansiva (dada la relativa fragilidad de su cuerpo) y por el síndrome de irradiación aguda (porque tienen más células que crecen y se dividen con rapidez).
También les resulta más difícil liberarse de edificios derrumbados o en llamas, o tomar otras medidas tras el ataque para aumentar sus posibilidades de supervivencia.
