SHARE

Supervivientes

Quienes sobrevivieron por azar a los bombardeos nucleares de Hiroshima y Nagasaki recibieron en japonés el nombre de hibakusha, es decir, «personas afectadas por la explosión».

Muchos soportaron dolor y malestar de por vida a causa de sus heridas, además de traumas psicológicos. Algunos desarrollaron un grueso tejido cicatricial en el cuerpo y el rostro, o vivieron durante décadas con fragmentos de vidrio profundamente incrustados en la carne.

Las mujeres se enfrentaron a dificultades y a un estigma particulares por el temor a que el daño genético causado por las bombas se transmitiese a sus hijos y nietos.

A los pocos años de los ataques, los supervivientes empezaron a desarrollar cánceres y otras enfermedades a un ritmo inusualmente alto como consecuencia de los efectos tardíos de la radiación. La leucemia fue especialmente frecuente en los primeros años.

Para alertar al mundo del peligro de las armas nucleares, muchos supervivientes han compartido públicamente sus testimonios personales sobre lo ocurrido en 1945. Algunos, que eran niños en el momento de los ataques, siguen vivos hoy y continúan esta labor de dar testimonio.

Su mensaje ha sido claro y coherente a lo largo de las décadas: no pueden coexistir las armas nucleares y la humanidad.

En 2024, Nihon Hidankyo —una confederación japonesa de organizaciones que representa a los supervivientes— recibió el Premio Nobel de la Paz «por sus esfuerzos para alcanzar un mundo libre de armas nucleares y por demostrar mediante testimonios de las víctimas que las armas nucleares no deben volver a utilizarse jamás».

La valiente e incansable labor de incidencia de los supervivientes ha inspirado a muchas personas en todo el mundo a sumarse al movimiento por la abolición nuclear.