Racismo radiactivo
Las creencias racistas han sustentado a menudo decisiones relativas a los ensayos nucleares: los gobiernos y las fuerzas coloniales han considerado a los pueblos indígenas como prescindibles, y sus tierras sagradas como carentes de valor y «remotas».
«Nuestra tierra, nuestro mar, nuestras comunidades y nuestros propios cuerpos llevan ya el legado de estos experimentos mortíferos, y lo llevarán durante un número incierto de generaciones venideras», testimonió Karina Lester, mujer yankunytjatjara anangu de Australia, en nombre de una coalición de grupos indígenas ante Naciones Unidas en 2017.
En la búsqueda de «armas de destrucción masiva cada vez más letales», las autoridades trataron a los pueblos indígenas como «conejillos de Indias», afirmó. Rara vez se solicitó su consentimiento —y aún menos se obtuvo—, y la protección que se les ofreció fue escasa o nula.
El legado tóxico de los ensayos nucleares ha hecho que muchas comunidades hayan quedado desconectadas de su modo de vida tradicional, sin poder regresar a sus lugares ancestrales ni vivir de la tierra y de las aguas como habían hecho durante siglos.