El legado de los ensayos nucleares
Para aumentar la capacidad destructiva y letal de sus fuerzas nucleares, y para enviar advertencias a sus adversarios, los países con armas nucleares han llevado a cabo más de 2.000 ensayos nucleares en todo el mundo desde 1945.
Al liberar enormes cantidades de radiación a la atmósfera y a los océanos, estos experimentos tóxicos han causado epidemias de cáncer y otras enfermedades crónicas. Extensas franjas de territorio siguen siendo inhabitables, incluso décadas después del cierre de los sitios de ensayos nucleares.
En el estado estadounidense de Nuevo México, apenas tres semanas antes de los bombardeos nucleares de Hiroshima y Nagasaki, el Gobierno de Estados Unidos llevó a cabo el primer ensayo nuclear del mundo, bajo el nombre en clave «Trinity». Su gigantesca bola de fuego convirtió la arena en cristal, iluminó las montañas circundantes y elevó al cielo un hongo nuclear de restos radiactivos a 12 kilómetros de altura.
Las consecuencias para los trabajadores del sitio de ensayo y para las comunidades cercanas fueron devastadoras, y se siguen sintiendo a día de hoy.
En más de otros 60 sitios de ensayos nucleares repartidos por el planeta, desde los desiertos de Australia y Argelia hasta las estepas de Kazajistán y los atolones del Pacífico, ha sucedido lo mismo para las personas que trabajaban en ellos o vivían viento abajo o corriente debajo de ellos.

