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Invierno nuclear y hambruna nuclear

Las armas nucleares son los únicos dispositivos jamás creados con la capacidad para destruir todas las formas de vida compleja de la Tierra.

Si se utilizaran cien o más de estas bombas contra ciudades, el hollín y el humo de las tormentas de fuego resultantes envolverían el planeta y bloquearían la luz solar durante una década o más, lo que provocaría un descenso drástico de las temperaturas globales; un efecto conocido como invierno nuclear.

Sumido en la oscuridad, el mundo experimentaría condiciones de congelación, incluso en zonas que hoy son tropicales. Los cultivos quedarían diezmados y la producción agrícola mundial se desplomaría, lo que daría lugar a una hambruna generalizada y al colapso social.

Proliferarían las epidemias de enfermedades infecciosas y los conflictos por los escasos recursos disponibles. Las personas que ya sufren desnutrición serían las que correrían el mayor riesgo de morir.

Incluso una guerra nuclear «limitada» —en la que se empleara una pequeña fracción del arsenal nuclear mundial— pondría a gran parte de la población mundial en riesgo de morir de hambre.

Una guerra de esta clase mermaría gravemente la capa de ozono, lo que provocaría un aumento importante de ciertos tipos de cáncer y una pérdida devastadora de vida marina. Muchas especies vegetales y animales se enfrentarían a la extinción, y el daño al planeta sería irreversible.